CORREDORES BIOLÓGICOS

 En Ecología Urbana, Fauna Silvestre, Medio Ambiente

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La ciudad se puede entender desde un punto de vista más abstracto, como un parche de tejidos que compiten entre sí, los cuales se caracterizan por tener una estructura, forma, densidad, ocupación, etc., particulares. Adicionalmente, estos tejidos están comunicados y atravesados por una gran variedad de flujos de materia, energía e información que forman redes (viales, fluviales, peatonales, de servicios públicos, ….) que se superponen, modificando a su paso la ciudad, y siendo a su vez modificadas por ella.

El tema de las redes que conectan zonas verdes y áreas de diversidad ha cobrado importancia en los últimos años –sobre todo en los países desarrollados-; se ha comprobado que el fraccionamiento del territorio como consecuencia de la construcción de infraestructura y de las mismas ciudades, ha influido negativamente en el movimiento de especies y ha afectado en gran medida sus poblaciones. Para solucionar esto, en algunos países incluso se ha llegado a construir puentes vegetados, falsos túneles o pasos subterráneos que cruzan importantes infraestructuras viales y ferrocarriles para generar el paso de la fauna y la conexión de paisajes que han quedado aislados y se le ha dado prioridad a la generación de corredores biológicos que atraviesan de lado a lado las ciudades.

Los corredores biológicos urbanos incluyen los parques urbanos y los de bolsillo, las riberas de ríos, quebradas y jardines, los cuales deben proporcionar refugio y seguridad a las especies que los atraviesen. Deben ser gestionados de tal manera que se puedan desarrollar a lo largo de ellos tanto actividades recreativas para los habitantes de las ciudades, como actividades naturales como el movimiento de especies. Por ejemplo, de acuerdo con información de la Sociedad de historia natural de Londres,   se confirmó que los corredores biológicos de esta ciudad europea registraron entre 1960 y 1970, el paso de 314 especies vertebradas dentro de un radio de 32 kilómetros desde la catedral de San Pablo (Hough, 1995).

En las ciudades colombianas aún es tiempo de estructurar estos corredores biológicos que respeten las orillas de los ríos y quebradas, que vayan prolongándose con el crecimiento de la ciudad, generando parques y zonas verdes donde los niños y jóvenes puedan jugar bajo la sombra de especies de árboles nativos como laureles de cera, coronos y arrayanes, samanes y ceibas, caracolíes e iguás y que venados y armadillos, zorros y ardillas -además de las aves- puedan recorrerlas de oriente a occidente, de norte a sur, de occidente a oriente y de sur a norte.

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