EL RÍO Y EL TERRITORIO COMO EL YIN Y EL YANG

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El genial ecólogo y naturalista catalán Ramón Margalef a quien tuve el honor de conocer y de oír en una clase majestuosa de inicio de curso hace algunos años, comparaba la relación que existe entre los ríos y el territorio con el yin y el yang.

El yin y el yang es un concepto de la filosofía oriental fundamentado en la dualidad del universo. Representa la vida y la muerte, el movimiento y la quietud, lo femenino y lo masculino como aspectos aparentemente opuestos pero complementarios a la vez, que dependen del otro para subsistir y que implican una constante transformación. Margalef quería que fuéramos conscientes de la dinámica de los ríos cuando descienden las montañas y sus meandros se deslizan como serpientes por el territorio, modificando su huella. El río va invadiendo nuevos terrenos y libera en la orilla opuesta aquellos que han sido alimentados por sedimentos llenos de nutrientes y que están ansiosos por cubrirse de verde, por llenarse de vida.  Pero este proceso es lento en el tiempo.

De esta transformación somos testigos anualmente los colombianos con la llegada de las lluvias. Digo que somos testigos porque los noticieros se llenan de relatos angustiosos de familias que se ven damnificadas por la llamada “ola invernal” y se destinan gran cantidad de recursos para la atención de la emergencia. Cómo serían de diferentes las noticias si los habitantes ribereños no se ubicaran en la franja del territorio que interactúa con el río, si las personas dejaran de talar la vegetación y los árboles que contienen las orillas –que evitan que la fuerza del agua erosione el suelo que en condiciones naturales quedaría atrapado en las raíces-. Cómo serían de diferentes las noticias si los municipios entendieran que el POT es un instrumento para evitar que ello ocurra.

Pero la realidad del país es otra. Los gobiernos municipales, departamentales y Nacional cada año tienen que destinar recursos importantes para atender a los damnificados –muchos de los cuales son repitentes de estas ayudas-. Si estos recursos se  invirtieran por una sola vez en la reubicación de viviendas y los municipios tomaran en serio la elaboración y aplicación de su Plan de Ordenamiento Territorial, el panorama sería otro: Colombia tendría hoy más escuelas, hospitales, parques y ríos saludables y habría más familias prósperas y niños felices.

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