EL VERDE URBANO

 En Ecología Urbana, Medio Ambiente

Imagen: Google Earth

La percepción de la necesidad del verde urbano no es igual en todas las ciudades. Está condicionada por el estilo de vida de sus habitantes y por el tamaño y facilidad de acceso a la naturaleza circundante. Por ejemplo, las pequeñas poblaciones que basan su economía en actividades rurales agrícolas y ganaderas, tienen contacto permanente y cotidiano con aquello de lo que carecen los habitantes de ciudades de mayor tamaño rodeadas de zonas industriales y alejadas del verde. Ello explica porqué hasta hace unos años en Neiva (Huila) no se pensaba seriamente en la construcción de parques. La ciudad era pequeña y esencialmente campesina y a unos pocos minutos teníamos acceso a la naturaleza de manera fácil y segura. Recuerdo que a pesar de haber crecido en una familia urbana siempre estuve en contacto con el campo. Todos los domingos mis papás nos llevaban a mis hermanas y a mí a recorrer lindas carreteras rodeadas de vegetación silvestre (entre el Caguán y Ribera). Nos encantaba bajarnos del carro para ir a pie o corriendo en parte del camino; también nos llevaban a bañarnos en algún recodo maravilloso que mi papá había descubierto junto al río Baché, al río Neiva, al río las Ceibas o al Patá. Llegábamos con el almuerzo preparado por mi mamá, que generalmente era un delicioso pollo sudado con papas y de postre llevábamos bocadillo con queso. Yo me dedicaba todo el paseo a tratar de coger algún escurridizo pez plateado para llevarlo como mascota a casa. Afortunadamente nunca lo logré. En vacaciones o fines de semana largos, nos íbamos a acampar a Teruel, Suaza, San Agustín o Gigante, donde llenábamos nuestras vidas de naturaleza.

Aunque el tamaño de nuestra ciudad aun permite acceder al verde de manera relativamente fácil, la actividad económica de los neivanos se ha urbanizado (al igual que el resto del país). Ello unido a los temas de seguridad ha hecho que estemos más lejos del entorno natural. La dificultad de acceder a los espacios verdes ha intensificado la necesidad de generarlos.

Pero los espacios verdes lejos de ser un conjunto de manchas dispersas en la ciudad, deben conformar un sistema integral superpuesto a la malla urbana que la atraviese. Un sistema compuesto por pequeños y medianos parques de barrio y grandes parques urbanos, por parques lineales a lo largo del sistema hídrico que funcionen como conectores del circuito; espacios verdes con distintos matices, imprescindibles para reencontrarse con la naturaleza y que cumplan su función de re-equilibrio social.

Al final, debemos imaginar este sistema o circuito verde como la forma que adquiere la naturaleza cuando atraviesa la ciudad. Es nuestra conexión con el entorno vital. Estas manchas y cordones verdes son a la vez corredores del paisaje natural y espacios urbanos públicos complementarios, que convierten nuestro hábitat urbano en un lugar habitable.

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