RECICLADORES, GENERADORES DE VIDA

 En Ecología Urbana

Imagen: www.curiosoando.com

De la misma forma en que la naturaleza tiene una estructura, la ciudad puede ser analizada desde esta misma perspectiva y evitar que se siga convirtiendo en la mayor amenaza para el equilibrio y la estabilidad del planeta.

En los ecosistemas naturales existen organismos productores (las plantas), organismos “consumidores”, y organismos “descomponedores” que viven de la materia orgánica muerta proveniente de los grupos anteriores. Si se trasladan estos conceptos al funcionamiento de la ciudad, los organismos productores siguen siendo por un lado las plantas (que no se producen en la ciudad sino en las zonas rurales) y por el otro lado las industrias y empresas que llenan los supermercados y el comercio de millones de productos para nuestra supervivencia y caprichos. Los seres humanos dentro de esta estructura somos los organismos consumidores por excelencia, y a diferencia de nuestros similares en la naturaleza nos dedicamos a consumir no sólo lo que necesitamos sino también (y en grandes proporciones) lo que no necesitamos. Es por esto que en las ciudades el papel de los descomponedores es fundamental; son ellos los encargados de reducir y transformar los residuos en productos aptos para ser usados nuevamente y llevar al mínimo la cantidad de ellos que debe ser enviada a los rellenos sanitarios.

En los países desarrollados esta responsabilidad está en manos exclusivas de empresas con alta tecnología, dedicadas a la recogida selectiva, clasificación, recuperación y/o eliminación segura de residuos. En nuestros países en vía de desarrollo en cambio, tenemos el privilegio de contar -en la etapa previa al desecho final- con miles de familias de recicladores que diariamente se encargan de clasificar y recuperar gran cantidad de residuos que al pasar por sus manos se convierten de nuevo en productos (subproductos), evitando que sean desechados prematuramente.

Lo que comenzó en los años 40 y 50 como un grupo atomizado de recolectores de papel periódico, botellas, frascos, y tarros de hojalata, se ha convertido en una empresa. Desde 1990 los valiosos descomponedores de nuestras ciudades cuentan con organizaciones como la Asociación Nacional de Recicladores, que lucha por la dignificación de su trabajo, su bienestar y el equilibrio ambiental.

Mientras escribo, no dejo de pensar Diana, una joven recicladora que casi todas las tardes se instala a trabajar en la esquina de mi edificio junto con su marido y sus dos niños pequeños. Cada vez que pienso en ella y en su familia lo hago con una profunda admiración y respeto, pero sobretodo con mucho agradecimiento. Aunque ella quizá no es consciente, de su trabajo depende de algún modo nuestra permanencia en el planeta.

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