SU MISIÓN: SOBREVIVIR

 En Fauna Silvestre, Medio Ambiente

Pibí oriental (Contopus virens). Foto: Carolina Salazar R.

Estamos en septiembre y cientos de amantes de las aves desde Canadá hasta Argentina sacaron sus binoculares, cámaras fotográficas y guías de campo para ser testigos de uno de los fenómenos más increíbles de la naturaleza: el viaje anual de las aves migratorias. Frases como “Primeros reportes de la migración”, “llegaron los patos”, “mi primera migratoria de la temporada” o “también llegaron los vireo”, se repiten en las páginas y redes sociales de los pajareros por esta época.

Es emocionante ver de cerca a estas valientes viajeras que atraviesan el continente sin más herramientas que su instinto por sobrevivir. De acuerdo con el informe de Selva “Darién- Monitoreo de la migración durante el 2012 en la Reserva Natural de la Sociedad Civil Tacarcuna”, durante el monitoreo de migración en el Darién colombiano en el 2012, se registraron más de 700.000 aves migratorias.

En Colombia hay alrededor de 275 especies de aves que realizan grandes viajes o migraciones locales, y al Huila llegan o pasan especies de gavilanes como el aliancho (Buteo platypterus) o el de swainson (Buteo swainsoni), patos como el aliazul (Anas discors) o el pisingo (Dendrocygna autumnalis), garzas como la garcita verde (Butorides virescens) y águilas como la pescadora (Pandion haliaetus). Y también habitan migratorios locales como la pava negra (Aburria Aburri) casi amenazada (NT) –se registró en Meremberg hace unos años, reserva que está siento destruida-, y la Guacamaya verde (Ara militaris) en estado vulnerable (VU) de amenaza.

Sí, es demasiado esfuerzo de la naturaleza, para que a su llegada encuentren sus hábitats destruidos o modificados, sean víctimas de la contaminación por pesticidas químicos que afectan su reproducción y/o que un grupo de inconscientes las reciban con rifles y las maten por diversión.

La cacería aun es una práctica ilegal, pero cotidiana; no sólo para quienes la tienen como “entretenimiento” sino para personas que ven en la fauna una amenaza. Aún recibo noticias de rapaces y garzas heridas de bala.

Invito a campesinos y agricultores, piscicultores, finqueros, ganaderos y empresarios del campo a ser responsables, a desarrollar su actividad de la mano con la naturaleza; a las autoridades ambientales a judicializar a quienes sigan cometiendo delitos ambientales; y a los ciudadanos y habitantes de las zonas rurales a “armarse” con unos binoculares para disfrutar del placer de ver a miles de aves cumpliendo con su misión: sobrevivir para reproducirse y así garantizar la supervivencia de la especie, de los ecosistemas, y del planeta.

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