TU CASA NO ES SU CASA

 En Fauna Silvestre, Medio Ambiente

Dibujo en digital: Carolina Salazar- 

Hace algún tiempo me encontré con un afiche de una campaña en contra del comercio de animales silvestres, cuyo eslogan era “tu casa no es su casa”. Me llamó la atención porque contiene un mensaje muy claro para las personas que con un “equivocado amor por los animales” les gusta comprar para tener en su casa especies silvestres como mascotas, sin pensar en el daño profundo que le están causando al animal mismo, a la especie, a la estabilidad de los ecosistemas y al medio ambiente.

Me acuerdo que de niña mis mascotas preferidas eran los pericos (Brotogeris jugularis y Forpus conspicillatus) que compraba cuando aun eran pichones. La verdad no me acuerdo cuánto tiempo lograban sobrevivir, pero estoy segura de que tenían una vida terrible por las condiciones artificiales en que los tenía, muy diferente de su hábitat natural. Como siempre he amado a los animales y en especial a las aves, cuando entré a la universidad decidí vincularme como voluntaria a la Word Society for the Protection of Animals, y entonces entendí que amar a los animales significaba luchar por su vida en libertad y proteger su hábitat. Ahora me acuerdo con horror de mis pobres víctimas de un «amor» mal entendido.

Me interesé tanto por el tema, que me dediqué por un tiempo a dictar charlas en los colegios y a “rescatar” animales víctimas del comercio o denunciando a las autoridades. En Neiva, mis amigos Carlos Quintero (q.e.p.d.), William Solano y yo, muchas veces patrullamos el centro de la ciudad para gestionar el decomiso de animales. En algunas ocasiones nos hicimos cargo de ellos y una vez recuperados nos íbamos a liberarlos en su lugar de origen. Aún suelo “rescatar” aves cuando la vida se encarga de cruzarme con ellas.

El comercio de especies es tan grave, que de acuerdo con investigaciones realizadas es el tercer negocio más lucrativo después del narcotráfico y del tráfico de armas; ya que un ave (por ejemplo un perico pequeño, como el Forpus conspicillatus) comprada a un campesino cuesta aproximadamente diez a quince mil pesos y en Europa puede llegar a costar diez veces más. En el caso de loros, guacamayas, tucanes y mamíferos esta diferencia aumenta considerablemente. En el año 2000, en Barcelona una guacamaya costaba el equivalente a 2 millones de pesos de la época.

Entonces, cómo puede Usted ayudar a frenar este comercio ilegal? Simplemente NO COMPRE animales silvestres como mascotas. Si lo hace, estará alimentando el negocio y hará que sea rentable para las personas que roban los polluelos de los nidos, o matan a las madres para robar los bebés de los primates o de los osos o sacan los reptiles de su hábitat.  Si quiere disfrutar del privilegio de haber nacido en el país más diverso del planeta, destine algunos momentos para contemplar los cantos de las aves a su alrededor o salga a observar la belleza que está a pocos pasos de usted. Y cuando tenga la tentación de llevarse algo de la naturaleza a su casa, no olvide la frase “Tu casa, no es su casa”.

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